FRANCISCO Y EL EGO

La semana nos deja una entrevista del Papa Francisco en la cadena de televisión Televisa, en la que bromeó sobre la idiosincrasia de los argentinos y hasta contó un chiste sobre el gran "ego" que se les atribuye. Preguntaba Francisco a la periodista: "¿Usted sabe cómo se suicida un argentino?, se sube arriba de su ego y de allí se tira abajo". Y esto me hizo pensar al instaste que esta ‘cualidad’, la de ego sobredimensionado, no es ya para nada patrimonio exclusivo de los compatriotas de Francisco.

Si nos paramos un momento y nos fijamos en cuantos nos rodean más lejos o tan cerca como para fijarnos en nosotros mismos. Comprobaremos quizás con asombro o quizás no, que este 'mal', el de alimentar artificialmente nuestro ego, se ha inoculado en la mayor parte de nosotros. Y la mayor de las veces es parte fundamental en las relaciones que establecemos en sociedad.

 Ya lo decía un viejo sabio: ‘Aparentar tiene más letras que ser’, y esta reflexión hoy podemos extrapolarla mas allá de lo material y tangible. Hoy se tapan las carencias tanto materiales como las del alma con la misma venda, la del propio ego. Cuyo resplandor ciega tanto que no deja ver peligrosamente, más de dos palmo al final de nuestras mismas narices.

 Con la venia de mi propio ego que quizás sea el autor estas líneas, mientras yo me piense quizás libre de este mal, líbreme Dios. Quisiera que te preguntaras querido lector ¿Cuan grande sería el ‘jardazo’ que te pegarías si te subieras a tu propio ego y desde allí te precipitaras contra el suelo de la realidad?

 

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